Biól. Jaime Thomas Muñoz
Departamento de Manejo y Conservación de Aves
Centro Ecológico de Cuyutlán “El Tortugario”

¿Te has preguntado alguna vez de dónde viene ese pájaro que canta junto a tu ventana?

En todo el año es común observar pájaros cuando estamos dentro de la ciudad. En su mayoría son zanates (Quiscalus mexicanus), gorriones domésticos (Passer domesticus) y uno que otro gorrión mexicano (Carpodactus mexicanus), las tres son especies residentes. 

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¿Pero qué pasa a finales del mes de octubre? 

Si ponemos un poquito más de atención podremos ver especies de pájaros que no es común verlas en otras temporadas del año. La  razón es muy sencilla, una gran parte de las aves son migratorias. A pesar de que durante muchos años este fenómeno ha sido una incógnita hasta para los grandes pensadores como Aristóteles, hoy sabemos que esto se debe a la disminución en la disponibilidad de alimento en esa época del año en las zonas del norte y sur del planeta. Esto quiere decir que su alimento, como insectos voladores, gusanos, semillas, frutas y néctares de las flores escasean en el invierno. Por lo tanto, antes de que la comida se vuelva escasa las aves migratorias ahorran energía acumulando grasa en el cuerpo y emprenden el vuelo recorriendo grandes distancias hacia regiones donde haya alimento disponible para la gran mayoría. 

 ¿Crees que es complicado recorrer grandes distancias para buscar alimento?

Pues un poco más complicado es la manera en cómo ellas eligen el momento oportuno para migrar y la forma en que se orientan para no perder su rumbo y su destino. Las aves que cubren con su desplazamiento grandes distancias cuentan con un reloj interno que controla el inicio de la migración. Este reloj interno se regula de acuerdo a los cambios estacionales y ambientales del lugar donde viven. Por ejemplo, a finales de otoño los días se vuelven más cortos y las temperaturas comienzan a descender, alertando sus mecanismos fisiológicos, y preparándose así, para partir.

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Las distancias que recorren varían enormemente entre las diversas especies y a veces entre los individuos de una misma especie. Existen especies que se desplazan relativamente pocos kilómetros dentro de un mismo país, así como también hay otras que llegan a cruzar continentes enteros, como es el caso del charrán ártico (Sterna paradisaea), que completa una travesía de ¡35,000 kilómetros! desde Polo Norte hasta el Polo Sur. 

¿Pero cómo es que las aves no pierden su rumbo?

La mayoría nacen programadas genéticamente para volar en cierta dirección y por cierto tiempo, pero diversos estudios han demostrado que las aves también tienen diferentes formas para orientarse durante la migración, dependiendo de la especie y la distancia a recorrer. Hay especies que migran durante el día, orientándose con la posición del sol o hasta reconociendo desde el aire los distintos rasgos orográficos de la tierra, como son las formas de los ríos, las costas y las montañas. Existen además otras especies que prefieren migrar durante la noche, guiándose como los antiguos marinos, por la posición de las estrellas alrededor de la estrella polar.

Durante su recorrido, las aves reconocen puntos estratégicos para llegar a descansar, reproducirse y refugiarse durante el invierno norteño. El Estero Palo Verde es un sitio ideal para las aves costeras, recibiendo cada año grandes parvadas que se pueden admirar en los recorridos en lancha. Te invitamos a visitar el Centro Ecológico de Cuyutlan “El Tortugario”, donde podrás conocer un poquito más de las aves migratorias costeras.

Así que ya lo sabes, la próxima vez que escuches un pájaro cantar junto a tu ventana posiblemente seas afortunado y estés deleitando tus oídos con el canto de un pájaro viajero que viene de muy lejos.

 Literatura consultada.

Berlanga, H., & Rodríguez, V. (2010). Las aves migratorias: a prueba de muro. Especies, 16-23.

Deinlein, M. (1999). Conceptos básicos sobre las aves migratorias neotropicales. Smithsonian Migratory Bird Center., 1-5.